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¿Gusto por leer, leer por gusto?

¿Cómo puede la escuela contribuir a desarrollar el hábito y el gusto por la lectura? ¿Cuál es nuestra experiencia en esto? Hay 3 factores que pueden contribuir con este propósito.

Recientemente, un periódico de circulación nacional informó sobre un estudio realizado por Cerlalc-Unesco (2011), respecto del hábito de la lectura en 6 países latinoamericanos, entre ellos Chile. Algunas de las cifras entregadas por esta medición confirman algo conocido y que otros estudios ya habían señalado: en Chile se leen pocos libros (sólo 51% de los encuestados dice hacerlo y en promedio lee 5,4 libros al año).  Las principales razones esgrimidas para leer son en cierta medida “impuestas”: académicas y laborales. Esto significa que la lectura es vista, fundamentalmente, como actividad funcional ya que solo un 7% de los encuestados dice que lee por gusto.

Desde la vereda de lo académico y  de la investigación del fomento de la lectura, la peruana Silvana Salazar Ayllon señala: “El  deseo o el querer leer, marca la diferencia entre los lectores habituados y los no lectores. El deseo de leer es el factor  más poderoso para generar hábitos de lectura y nace de asociar esta actividad al placer, a la satisfacción, a la sensación de logro y al entretenimiento”.  (Salazar, Silvana, Claves para pensar la formación del hábito lector, 2006,p22-23)

Entre los especialistas en el tema de la lectura hay bastante consenso en que si deseamos aumentar el número de lectores frecuentes, un factor primordial es desarrollar el gusto por leer. La lectura debiera comenzar a estimularse en las primeras etapas de la vida, a través del desarrollo del lenguaje oral, la narración oral y el contacto temprano con textos impresos, para constituirla en un hábito en dos ambientes que se complementan y potencian: el hogar y la escuela.

Esta última es un espacio privilegiado para continuar lo comenzado en la familia o para iniciar una historia lectora con aquellos niños que en el hogar, por diversos motivos, no han podido iniciar este camino.

¿Cómo puede la escuela contribuir a desarrollar el hábito y el gusto por la lectura? ¿Cuál es nuestra experiencia en esto? Hay 3 factores que pueden contribuir con este propósito.

1) Poseer libros variados, atractivos y adecuados para los diferentes grupos etarios.  Aunque parezca obvio, sin los libros adecuados la tarea de  seducir a los niños con la lectura puede tornarse muy difícil. No basta sólo con tener una gran cantidad de libros, que es importante,  sino que estos deben cumplir con algunas características. Tienen que ser atractivos para los niños en su diseño (calidad de las tapas, hojas, coloridos e ilustraciones cuando corresponda, tamaños, materiales) y también deben responder  a sus posibilidades lectoras, tanto  en su contenido (complejidad de  los personajes y trama), como en los temas o estructuras literarias más aceptadas. Por lo mismo, deben abarcar diferentes subgéneros (novelas, cuentos, poesías, cómics, álbumes, etc), para permitir a los niños  ampliar su “paladar” lector.   

2) Profesores como mediadores efectivos y afectivos de la lectura. El  profesor  es un potente modelo lector para los alumnos. El “contagio” lector sólo se podrá producir si los niños y jóvenes están frente a la presencia de profesores o adultos claves que los conduzcan en el descubrimiento y en la afición por leer. Tienen que compartir el entusiasmo que a ellos les provoca la lectura no sólo a través del discurso sino que, más importante aún, a través de la conducta lectora que exhiben.

El gusto por la lectura requiere ser “contagiado” por los docentes a través de la proposición de actividades que produzcan encuentros motivadores entre los alumnos y los libros, junto a formas novedosas y estimulantes de evaluar los procesos y avances de los niños en sus itinerarios lectores. Esto implica dejar de lado la tradicional prueba con calificación, que generalmente admite solo un tipo de respuesta posible infiriendo que hay una sola forma de comprender un libro, lo que  desconoce que la construcción del significado se produce entre  el libro y el lector como individuo.

3) Espacios y rutinas al interior de las unidades escolares. Las nuevas bases curriculares de 1° a 6° básico tienen entre sus objetivos desarrollar el gusto por la lectura. Esto invita a destinar espacios y tiempos a realizar actividades de manera sistemática y rigurosa para alcanzar este importante objetivo.  Por un lado, implica proporcionar a los alumnos un espacio habitado por libros, los que  no sólo deben estar en las bibliotecas, sino que visibles en las aulas. Por otra parte, organizar los aprendizajes escolares de manera que favorezcan, especialmente, la presencia de la lectura. Las formas de organización son muy variadas, como por ejemplo estrategias específicas que apunten al fomento de la lectura, la hora del cuento, planes lectores o espacios para la lectura independiente. Los profesores deben hallar aquellas en las que se sientan más cómodos y seguros.

Nuestra experiencia nos ha mostrado, que tener disponibilidad de libros atractivos y de manera frecuente, y  que el profesor  apoye a los niños en el acceso a la lectura, son dos elementos muy importantes.

La tarea de desarrollar el hábito y el gusto por la lectura en la escuela es ardua y no exenta de dificultades. Es uno más de los desafíos que enfrenta hoy día el sistema escolar. Sin embargo, ya hay algunos caminos recorridos, como los anteriormente señalados, que se pueden emprender  y perfeccionar. La invitación es a transitarlos.

Eugenio Rioseco
Fundación Educacional Arauco


 

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